Hace poco viaje de Madrid a la Cd. de México para pasar las vacaciones de navidad con mi familia y los amigos, además de aprovechar para comer la mayor cantidad de cosas posibles.
Mientras esperaba ansiosa en el aeropuerto me sucedieron una seria de cosas que sólo a mí y a los 199 pasajeros mas que viajaban conmigo nos puede pasar. Nuestro vuelo salía a las 00:40 hrs y empezamos el embarque justo 15 minutos antes, lo cual nos pareció raro. Ya sentados, con el cinturón abrochado y con media hora de retraso el piloto nos dice que no podemos despegar debido a fallas técnicas en el avión y que debemos bajar. El vuelo se reprogramó para el mismo día a las 16:00 hrs.
Todos los pasajeros, muy molestos, bajamos del avión y nos dirigimos a lo que sería toda una odisea. La excursión comenzó por migración para ingresar de nuevo al país, luego nos embutimos en los autobúses para ir al hotel que nos serviría de refugio y ya en la recepción tuvimos que hacer una fila de una hora para que nos asignaran habitación. Por fin a las 3:15 estabamos en camita y listos para recuperar un poco de sueño.
Al día siguiente y listos para desayunar, nos dimos cita en el restaurante del hotel para organizar nuestras quejas y prepararnos para cualquier otra anomalía. Justo en este punto surgió lo más curioso y divertido de la travesía. Comenzaron las preguntas ¿De qué parte de México eres? ¿Cuánto hace que no vas? ¿En que parté de Europa vives? ¿Por qué te fuiste de México? Ahí descubrí muchas historias. Gente que buscó un sueño europeo en lugar de uno americano, que trabaja en oficios y envía dinero a su familia para salir adelante. Gente que estudia y quiere una visión distinta de su profesión. Gente que se enamoró y el corazón le llevo a dejar todo para seguir a su media naranja. Gente que simplemente tomó una maleta y se fue para encontrar algo que le hacía falta. Todos con un espíritu aventurero, valerosos y decididos a seguir un sueño.
Sentí que se convertieron en una pequeña familia, todos con un mismo denominador y una misma tierra.
Los autobúses pasaron por nosotros puntualmente y como relojito estabamos a las 14:00 hrs en el aeropuerto de nuevo, embarcamos y despegamos sin contratiempos a la hora debida. El vuelo duró 12 horas y mientras pasaba el tiempo la gente se veía conversando, riendo, compartiendo teléfonos y direcciones de correo. Cuando al fin llegamos y felices por estar en casa, sólo nos quedaron los abrazos de despedida que fueron la recompensa a tan complicada espera.
Para terminar les dejo un video que hice mientras alegabamos en el aeropuerto.







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