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lunes, 17 de septiembre de 2012

El Rastro, un mercado que rompe fronteras.

Un lugar con aire de Condesa, con un toque hippie y una mezcla de culturas que invitan a sumergirse en el bullicio al compás de la música, desde un flamenco hasta lo último del reggaeton.
El rastro es un mercado con los elementos necesarios para considerarse digno de visitar en la ruta madrileña. Calles que ofrcen un manjar de artesanías, antigüedades, accesorios, ropa y el típico recuerdito para la familia.
El mercadillo se planta todos los domingos protegido por aquellos edificios de postal en pleno centro histórico, ansioso de su gente que mantiene viva la tradición de la ganga que atrae incluso al viajero más despistado.
Entre los pasillos se descubre no sólo la compra y venta de productos, sino también una descomunal frontera europea entre países como Marruecos, India, Ecuador o China. Ojos rasgados o de estilo árabe, pieles en todas sus tonalidades y un desfile de vestimentas son las características de los personajes que se encuentran detrás de cada puesto. 
El inmigrante seduce con su empeño por adaptarse al español, con la amabilidad y paciencia que proyecta para ganarse al cliente, siempre con una sonrisa acompañada de un idioma donde las palabras tropiezan entre si con el afán de darse a entender.
También se encuentra el comerciante nativo, con su voz fuerte casi a gritos, que no es porque se encuentre en El Rastro, sino por esa forma tan peculiar de ser, ese poco tacto combinado con la seguridad de tener continuamente la razón. El español es así, sin adornos en el lenguaje y sin pelos en la lengua, no necesita de lambisconería para vender.
La pizca que da sabor al recorrido es el comprador, elemento indispensable para dar pie al regateo, cosa que en España no sucedía hasta hace un par de años, el origen de la estrategia en la crisis. Aunque todavía no está muy bien visto, poco a poco toma auge, el arte se aprende y el que no cae resbala.
El recorrido finaliza con una buena tapa y la clásica cañita, El Rastro es además poseedor de famoso bares para tomar un picoteo de jamón, tortilla española o calamares, por mencionar algunos, así como una buena jarra de cerveza fría o el popular tinto de verano.

Un sitio que enamora el bolsillo, el estómago y el corazón.

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