El rastro es un mercado con los elementos necesarios para considerarse digno de visitar en la ruta madrileña. Calles que ofrcen un manjar de artesanías, antigüedades, accesorios, ropa y el típico recuerdito para la familia.
El
mercadillo se planta todos los domingos protegido por aquellos
edificios de postal en pleno centro histórico, ansioso de su gente que
mantiene viva la tradición de la ganga que atrae incluso al viajero más
despistado.
Entre
los pasillos se descubre no sólo la compra y venta de productos, sino
también una descomunal frontera europea entre países como Marruecos,
India, Ecuador o China. Ojos rasgados o de estilo árabe, pieles en todas
sus tonalidades y un desfile de vestimentas son las características de
los personajes que se encuentran detrás de cada puesto.
El
inmigrante seduce con su empeño por adaptarse al español, con la
amabilidad y paciencia que proyecta para ganarse al cliente, siempre con
una sonrisa acompañada de un idioma donde las palabras tropiezan entre
si con el afán de darse a entender.
También
se encuentra el comerciante nativo, con su voz fuerte casi a gritos,
que no es porque se encuentre en El Rastro, sino por esa forma tan
peculiar de ser, ese poco tacto combinado con la seguridad de tener
continuamente la razón. El español es así, sin adornos en el lenguaje y
sin pelos en la lengua, no necesita de lambisconería para vender.
La
pizca que da sabor al recorrido es el comprador, elemento indispensable
para dar pie al regateo, cosa que en España no sucedía hasta hace un
par de años, el origen de la estrategia en la crisis. Aunque todavía no
está muy bien visto, poco a poco toma auge, el arte se aprende y el que
no cae resbala.
El
recorrido finaliza con una buena tapa y la clásica cañita, El Rastro es
además poseedor de famoso bares para tomar un picoteo de jamón,
tortilla española o calamares, por mencionar algunos, así como una buena
jarra de cerveza fría o el popular tinto de verano.
Un sitio que enamora el bolsillo, el estómago y el corazón.







0 comentarios:
Publicar un comentario